Culiacán.- La tarde de este viernes, el Museo de Arte de Sinaloa (MASIN) abrió sus puertas a la sensibilidad y la memoria con la inauguración de la exposición “Cuando las tardes eran de papel”, del pintor y arquitecto Miguel Ángel Ojeda.

En punto de las 17:00 horas, el recinto reunió a artistas, estudiantes, gestores culturales y público en general, quienes se dieron cita para presenciar esta propuesta plástica que transita entre la evocación, la materialidad y el tiempo.

El acto inaugural contó con la presencia del Dr. Juan Salvador Avilés Ochoa, director del Instituto Sinaloense de Cultura; Inna Teresa Álvarez, jefa del MASIN; el actor y director de teatro Lázaro Fernando Rodríguez; el arquitecto y promotor cultural Carlos Ruiz Acosta; y la maestra de literatura Marisol Ojeda, quienes acompañaron al artista en este momento significativo.

Con un museo lleno de amigos, artistas y agentes culturales, la inauguración se vivió como una tarde emotiva de camaradería, donde el encuentro entre la comunidad artística y el público generó un ambiente cercano y significativo.

Durante su intervención, Inna Teresa Álvarez destacó el valor sensible de la muestra.

La oportunidad que van a tener todos ustedes de observar cada una de las piezas que integran la exposición. En ese momento estoy segura de que nos va a remitir a la nostalgia, a los recuerdos, a los lugares emblemáticos de Culiacán y sus tradiciones”.

Inna Teresa Álvarez

Por su parte, el director del ISIC compartió una reflexión cercana sobre la trayectoria del artista, recordando sus inicios en la década de los noventa en Mocorito.

Señaló que esta exposición pudo haber ocurrido mucho antes —incluso hace seis años— y destacó que conoce la obra de Ojeda desde sus primeras etapas, aquellas que con el tiempo le han dado reconocimiento y proyección.

Además, subrayó que es una fortuna para las artes visuales contar con su trabajo en este recinto, en referencia al MASIN.

En términos de lectura visual, el propio Avilés propuso un ejercicio para el espectador: comenzar por nombrar las ciudades que aparecen en la obra y, posteriormente, adentrarse en un segundo ejercicio imaginativo que permita situarse en sus paisajes.

“Estas ciudades, cargadas de nostalgia, se pueblan de personajes célebres que transitan de un cuadro a otro, configurando una narrativa en la que Culiacán se vuelve eje preponderante; un territorio simbólico habitado tanto por figuras reales como por presencias de carácter onírico”, puntualizó.

En un momento especialmente emotivo, la hija del artista compartió una reflexión en torno a la obra de su padre, subrayando la dimensión íntima del trabajo expuesto.

“Unos pocos, quizás los más afortunados, logran expresar la realidad a través de un lienzo”. Desde su experiencia personal, evocó cómo estas piezas materializan los espacios y recorridos que formaron parte de su vida, convirtiendo la memoria familiar en imagen.

La experiencia también se enriqueció con un momento escénico a cargo del actor y director de teatro Lázaro Fernando Rodríguez, quien dio lectura al poema “Estamos solos desde ayer”, de la poeta Rosy Palau, presente en el recinto, sumando una capa poética que dialogó con la atmósfera evocadora de la exposición.

Hacia el cierre del recorrido, el arquitecto Carlos Ruiz Acosta invitó a los presentes a acercarse a una lectura más profunda de la obra, propiciando un diálogo más ameno en el que abordó la influencia de Marc Chagall y Antonio López Sáenz en la propuesta de Ojeda.

Su intervención, a manera de cátedra, ofreció claves para comprender las resonancias plásticas, simbólicas y cromáticas presentes en la exposición.

El artista Miguel Ángel Ojeda agradeció la oportunidad de concretar este proyecto, destacando el acompañamiento institucional: agradeció a Dios y el trabajo conjunto con el Dr. Juan Avilés para que esta exposición pudiera realizarse después de 10 años.

Además, compartió una reflexión profundamente personal al evocar, a través de su obra, la presencia de sus hermanas, de su madre —ya ausente—, así como de figuras y espacios que habitan en su memoria y remiten a ese Culiacán amable que permanece en su recuerdo.

La obra de Ojeda propone así un recorrido íntimo por la memoria, donde el papel no solo se convierte en soporte, sino en símbolo: superficie frágil que resguarda instantes, gestos y vestigios de lo cotidiano.

A través de una exploración que dialoga con lo arquitectónico y lo pictórico, el artista construye atmósferas donde lo efímero adquiere permanencia.

Durante el recorrido inaugural, los asistentes sostuvieron un diálogo cercano con las piezas, apreciando una narrativa visual que oscila entre la nostalgia y la reinterpretación del pasado.

Las texturas, capas y composiciones revelan un interés por los procesos, por aquello que se construye y se deconstruye con el paso del tiempo.

El evento se desarrolló en un ambiente de apertura y reflexión, consolidándose como un espacio de encuentro entre la obra, el artista y la experiencia personal de cada visitante.

“Cuando las tardes eran de papel” se integra a la programación expositiva del MASIN como una invitación a detenerse, observar y reconstruir, desde la mirada contemporánea, los fragmentos de memoria que nos habitan, indica un comunicado.

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